Monday, October 24, 2005

Místico y alucinante viaje con guru japonés

Al abrir los ojos estábamos en Tokio. El viaje comenzó en un estado de semipenumbra rodeado de armonías fantásticas. Un juego de colores inició una travesía guiada por violines eléctricos, tambores, guitarras y extrañas percepciones acústicas convertidas en luces y espirales que se abrían y volvían a cerrarse.
Fue un mágico y misterioso tour a través del único concierto en el país del músico japonés Kazufumi Miyazawa y su proyecto en solitario Miyazawa Sick.
El espectáculo comenzó con la presentación del grupo de pop rock Moneda Dura que arrastró a cientos de fans de temprana edad, en un concierto caracterizado además por la multinacionalidad de los asistentes y la grata presencia del maestro Juan Formell.
Un amplio repertorio del cantante Nassiri Lugo removió a sus seguidoras que entre saltos y vítores aclamaban a su ídolo del pop. Concluido el trabajo de los locales, la noche tomó otro rumbo y la masa de muchachas de rosado fue escurriéndose bulliciosa hacia las puertas del Karl Marx.
Mientras tanto los músicos hacían tiempo para afinar los instrumentos.
Cerca de las diez apareció Miyazawa Sick en el tablado con el gurú del rock japonés al frente.
En esta ocasión la banda aterrizó con Genta en la batería, Tatsu en el bajo, Hiroshi Takano en la guitarra, Kenji Imafuku y Marcos Suzano en las percusiones, Fernando Moura en los teclados, Luis Valle en la trompeta, Claudia Oshiro en los coros y Reiko Tsuchiya en el violín eléctrico.
Los acordes flotaron como una gran mezcla entre geishas, salsa, samba, reggae, trompetas, funk y rock and roll.
Al entrar en el sistema Miyazawa confirmé lo que nos decía segundos antes en su esforzado español un amigo asiático “El sonido de estos músicos es para alucinar”.
Solo le bastaron unos pocos minutos al invitado para poner a bailar al público. Entre sensuales movimientos y un discurso musical sin barreras todos los asistentes nos bañamos de la riqueza artística de la capital de Akira Kurosawa.
A veces daba la impresión que un Elvis Presley oriental había tomado posesión del escenario, rasgando un Sanshin y tarareando textos en japonés.
Los ritmos de Save Yourself y Tokio Story evidenciaron un corte más funky de la banda, parecido al espíritu de Jamiroquai y Stereo Mc’s, mientras que otro tema dejó escuchar a Clauda Oshiro, de estética y progresión escénica similar a Bjork, la diva islandesa del Trip Hop.
Otras canciones abrieron el universo alternativo de Japón, desde algunos sonidos punks hasta otros inmersos en el Hip Hop y la cultura electrónica de gran auge en el centro tecnológico del mundo.
En una segunda parte de la velada Miyazawa abogó por el cese de todas las guerras y las acciones terroristas. Compromiso al que dedica gran parte de su activismo musical.
Al llegar el turno de Shima-Uta las voces japonesas, europeas y cubanas se unieron en una sola causa. Todas clamaban por la solidaridad y el derecho a vivir en paz.
En la actuación de Miyazawa Sick destacó entre todos los grandes que ocupaban la escena, la violinista Reiko Tsuchiya de una mística belleza.
Su perfecta ejecución del violín eléctrico hizo chocar las palmas en varias ocasiones, aplausos que también se robó Marcos Suzano en la percusión.
Asimismo uno de los nuestros, el trompetista Luis Valle demostró por qué Miyazawa es admirador de esta pequeña Isla.
A pesar de una desacertada unión entre públicos de inquietudes musicales muy diferentes y la falta de un programa para conocer las propuestas de las bandas, la mayoría de los presentes quedamos atrapados por el hechizo nipón.
Cuando salimos del teatro en medio de la cerrada noche dudamos si el viaje había finalizado: los paisajes visuales cambiaban de forma veloz. No estábamos seguros de seguir en Tokio o de haber regresado a nuestra cosmopolita Habana.

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